En un tr
en con trayecto Budapest-Viena, Jesse (Ethan Hawke) y Celine  (Julie Delpy) se conocen y empiezan a hablar. Él esnorteamericano y se dirige a Viena para coger un vuelo de vuelta a los EE.UU. y ella, francesa, seguirá su trayecto hasta París. Les resulta fácil hablar el uno con el otro y hay buena sintonía entre ellos, así que, cuando llega el momento de despedirse al llegar a Viena, Jesse le propone a Celine bajarse del tren con él y pasar juntos las horas que quedan hasta que salga su avión a la mañana siguiente. Ella accede y juntos se patean la ciudad austriaca charlando sobre todo tipo de temas: los planes de futuro, las relaciones, la familia, el amor, la muerte…

Son sólo unas horas las que pasarán juntos sabiendo que cuando se despidan puede que no vuelvan a verse nunca más.

Vi esta película siendo adolescente y me encantó porque parecía tan real la relación entre estos dos desconocidos, que casi podías sentirse identificado con ellos, con las cosas que se contaban, sus inseguridades, sus deseos. Volví a verla hace poco, y con unos años más detrás de mí, y sigue conservando su encanto, incluso más si la comparamos con otras películas románticas que se hacen hoy en día.

Si hay una palabra que pueda definirla es sencillez. No hay acción, no hay ningún conflicto que los protagonistas deban solventar. Se trata sólo de dos personas hablando y conociéndose en las calles de Viena, y aunque esto pueda sonar aburrido, una película en la que sólo se hable, de alguna forma, el guión consigue que incluso se haga corta. Cada escena, ubicada en un lugar concreto y con un diálogo concreto, muestra la evolución de su relación, y todas ellas parecen lugares comunes por los que todos hemos estado (sea en Viena o en nuestra propia ciudad).

Los dos protagonistas además son distintos entre ellos: Jesse es algo infantil y cínico y ella es más madura, aunque ambos son inseguros, y aun así se complementan. Existe muy buena química entre Ethan Hawke y Julie Delpy, lo que ayuda mucho a la historia. Y la verdad es que a veces te olvidas de que estás viendo una película y que en realidad estás espiando las conversaciones de estas dos personas.

En definitiva, una pequeña joya que permanece intacta con el paso de los años y que demuestra que, con un buen guión, no hace falta ni gran presupuesto ni efectos especiales para crear una buena película.

Diez años después, director y actores se volvieron a juntar para la segunda parte, llamada “Antes del Atardecer“, que también vale la pena verla, con unos Jesse y Celine más maduros y con más vivencias para contarse el uno al otro.