Sophie (Amanda Seyfried) vive con su madre soltera, Donna (Meryl Streep), en una idílica isla griega, donde ella regenta un hotel; tiene 20 años y está a punto de casarse.  Pero su deseo es que su padre la lleve al altar. El problema es que no sabe quién es. Tras leer el diario de juventud de su madre, descubre que hay tres posibles candidatos, Harry (Colin Firth), Sam (Pierce Brosnan) y Bill (Stellan Skarsgård), y en secreto los invita a la boda.  Con ello, hará que renazcan viejos amores, que se creen nuevas alianzas y que su madre se vuelva histérica, pues no sabe qué hacen esos tres antiguos amantes de repente en la isla con la boda a punto de celebrarse.

Todo esto está aderezado con canciones de ABBA cantadas espléndidamente por los actores, en un despliegue de colores y buenas vibraciones que contagian al público, haciendo que desees levantarte de la butaca y ponerte a cantar esas viejas canciones tan conocidas y a bailar con ellos.

Todos los actores están maravillosos, destacando Meryl Streep con la que realmente exclamas “Mamma mia!” porque la mujer tiene una energía y una agilidad envidiables. Sus dos mejores amigas en la película, Tanya (Christine Baranski) y Rosie (Julie Walters) también están fantásticas y están muy divertidas. La verdad es que da la impresión de que se lo pasaron bomba rodando la película y los números musicales. A destacar también la hija en la ficción de Meryl Streep, Amanda Seyfried, vista en película de adolescentes, que aquí brilla con luz propia alejada de la imagen de típica rubia tonta. Y qué decir de los tres posibles papás…  pues que están guapísimos y graciosísimos.

En fin, que me ha encantado; es de esas películas que sales del cine con una sonrisa tonta en la boca y no desaparece hasta que te vas a dormir.  Bueno, sales con la sonrisa y cantando “Mamma mia!”. Por cierto, un detallazo los títulos de créditos, no tienen desperdicio.

Pues eso, si queréis pasar un rato divertido y olvidaros de vuestras preocupaciones, id a ver “Mamma Mia!”.

 

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