Esta película de 1990 es la última que he visto y me ha resultado muy interesante. Llevaba queriendo verla desde que la recomendara mi profesora de literatura de BUP mientras leíamos Hamlet y por fin la he “adquirido”, muchos años después de aquello. Pero más vale tarde que nunca.

La historia se centra en estos dos personajes, Rosencrantz (Gary Oldman) y Guildenstern (Tim Roth), secundarios del Hamlet de Shakespeare, pero convertidos aquí en los protagonistas de la acción, siguiendo sus movimientos esperando su intervención en la susodicha obra, sin saber muy bien qué hacen en ese escenario de la corte ni con esa gente cuyos problemas no logran entender, pero que sellarán su destino, dejándose llevar por la voluntad del dramaturgo inglés.

Se trata de personajes cómicos que pasan las horas muertas realizando juegos de preguntas, hablando de sus pensamientos más trascendentales e intentando descifrar qué ocurre a su alrededor. De tanto en tanto, se ve de fondo lo que está ocurriendo en lo que sería la obra de Hamlet, siempre teniéndolos a ellos como observadores, excepto cuando interactúan directamente con el resto de personajes por exigencias de Shakespeare.

Como tercer personaje principal tendríamos al actor (Richard Dreyfuss) de una compañía de teatro, experimentado en el campo de la ficción, no como estos dos infelices, que intenta enseñarles que no pueden luchar contra lo que está escrito y que puesto que representan una tragedia, ha de terminar como tal.

La película está diriginda por Tom Stoppard, quien es, además, el autor de la obra de teatro en la que se basa el film, y los dos protagonistas, tanto Gary Oldman como Tim Roth están perfectos en sus papeles, interpretando, como dice el propio autor, a las dos caras de una misma moneda. Aunque el principio se hace algo lento y desconcertante, al final me ha dejado muy buen sabor de boca y eso que hay momentos que se hacen algo pesados, pero estos son compensados con escenas de diálogos realmente divertidos e ingeniosos que me han hecho soltar más de una carcajada, y con discursos filosóficos recitados en clave de humor pero que no dejan de ser certeros. Vamos, que estos personajes me han resultado de lo más entrañable.

No sé qué más contar. La verdad es que se podría hacer todo un análisis de esta película, pero no soy experta en Hamlet ni en teatro así que paso de enrollarme intentando hablar de cosas que en otros sitios estarán mejor explicadas. Si a alguien le interesa el tema, en la wikipedia hay un artículo interesante sobre la obra (pero seguro que por ahí hay algún análisis o tesis).

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FRASES (mi parte favorita):

EL ACTOR: ¡Somos actores! ¡Somos lo contrario a la gente!

ROSENCRANTZ: Debemos nacer con la intuición de mortalidad. Antes de conocer la palabra para ello. Antes de conocer siquiera que existen las palabras. Salimos sangrientos y chillando, sabiendo que con todos los puntos de la brújula, sólo hay una dirección. Y el tiempo es su única medida.

EL ACTOR: El viejo cree que él (Hamlet) está enamorado de su hija.
ROSENCRANTZ: Cielos. ¡Estamos acabados!
EL ACTOR: ¡No, no, no! ¡Él no tiene una hija! El viejo cree que está enamorado de su hija.
ROSENCRANTZ: ¿El viejo?
EL ACTOR: Hamlet… enamorado.. de la hija del viejo… cree… el viejo.
ROSENCRANTZ: Ah

EL ACTOR: Hay un patrón en todo arte. Seguro lo sabréis. Los hechos deben sucederse con estética, moral y una conclusión lógica.
GUILDENSTERN: ¿Cuál es en este caso?
EL ACTOR: Nunca varía. Nuestro objetivo es que todos los que están marcados para la muerte, mueran.
GUILDENSTERN: ¿Marcados?
EL ACTOR: Hablando en términos generales, las cosas han ido tan lejos como es posible, cuando están tan mal como razonablemente pueden estar.
GUILDENSTERN: ¿Quién lo decide?
EL ACTOR: ¿Decidir? Está escrito. Somos actores. Seguimos directrices, no elegimos. El malo termina tristemente, el bueno desafortunadamente. En eso consiste la tragedia.

Os dejo una escena que me pareció divertida. Son los dos protagonistas jugando a las preguntas, juego que consiste en hacerse preguntas el uno al otro rápidamente, en el escenario de una pista de tenis.