“Scarlett O’Hara no era bella, pero los hombres no solían darse cuenta de ello hasta que se sentían cautivos de su embrujo […]”.
Escarlata O’Hara es una joven mimada y caprichosa del Sur de los Estados Unidos, enamorada de Ashley Wilkes, un joven tranquilo y noble. En una fiesta en la plantación de los Wilkes, conoce a Reth Butler, un hombre cínico e irónico con mala reputación, al tiempo que se anuncia el compromiso de Ashley con Melania Hamilton, mujer bondadosa, incapaz de ver la maldad de las personas. Escarlata se casa por despecho con el hermano de ésta, Charles, poco antes de que los hombres vayan a la guerra contra el Norte, que acaba de estallar. Queda viuda al poco tiempo y se marcha a Atlanta para estar con su cuñada, es decir, Melania, lo que en realidad es una excusa para estar más cerca de Ashley. A medida que avanza la guerra, Escarlata lucha por sobrevivir en la adversidad, y en su camino entra y sale Reth Butler, cuyo único propósito es hacerle decir las palabras que una vez escuchó decirle a Ashley: “Te quiero”. Aunque quizás cuando lo haga, sea demasiado tarde.
¿Qué hace a esta película atractiva? Creo que fundamentalmente es el personaje de Escarlata, porque no es la típica heroína, buena y de gran corazón, sino que es una mujer caprichosa, egoísta, que usará cualquier treta con tal de conseguir lo que desea, sin pensar a penas en las consecuencias. Y lo bueno, es que son todas estas “cualidades”, junto con su fuerza de espíritu y carácter, lo que hace que siempre salga a flote. Una historia sobre la supervivencia durante la Guerra de Secesión con un personaje distinto de Escarlata como protagonista, no hubiera tenido ni el más mínimo interés.
La película está basada en el libro del mismo nombre escrito por Margaret Mitchell, una sureña al igual que Escarlata, que conocía de primera mano el pasado reciente de su tierra (fue publicado en 1936, unos 60 años después de la Guerra de Secesión), a través de los relatos de familiares. De niña, frustrada con las matemáticas, le dijo a su madre que no quería seguir estudiando. Su madre la llevó a un viejo camino rural donde reposaban las ruinas de las antiguas plantaciones: ” Ha pasado antes y pasará de nuevo.” Le dijo. “Y cuando ocurra, cada uno lo perderá todo y todo el mundo será igual. Empezarán de nuevo sin nada excepto el ingenio de su mente y la fuerza de sus manos.”
La historia cuenta, siguiendo la trayectoria vital de la protagonista, el desmoronamiento de un mundo destinado a desaparecer, idílico para aquellos que disfrutaban de él, relatado desde el punto de vista del Sur, sin dejar a un lado la autocrítica y la ambigüedad sobre ciertos aspectos. Siendo sureña ella, podría decirse que su posición no es objetiva, pero en realidad no se trata de posicionarse a favor o en contra de un bando u otro, sino de relatar cómo vivían, pensaban y actuaban la gente del Sur, aunque se nota a veces que “barría para casa”. Aun así, para no herir susceptibilidades, se tuvo que eliminar del guión toda referencia peyorativa hacia los negros y la mención del Ku-Kux-Klan.
Pero como su autora dijo: “Si la novela tiene un tema es el de la supervivencia. ¿Qué hace que algunas personas puedan sobrevivir a catástrofes y otras, aparentemente igual de capaces, fuertes y valientes, se hundan? Ocurre en todos los momento de adversidad. Unos sobreviven y otros no. ¿Qué cualidades son aquellas que poseen las personas que se abren paso triunfalmente, de las que carecen las que se hunden? Sólo sé que los supervivientes suelen llamar a esa cualidad “agallas”. Así que he escrito sobre la gente que tenía agallas y la que no.”
El rodaje fue toda una odisea; pasando por cinco directores, aunque al final el mérito se lo llevó Victor fleming. Pero el auténtico artífice de la película fue su productor, David O. Selznick, quien no dejaba nada al azar y estaba al tanto de todo y de todos. Controlaba cada mínimo detalle, desde el vestuario hasta los diálogos, pasando por los decorados e incluso a los actores. Como curiosidad, no dejó que Vivian Leigh conviviera con su entonces marido, Lawrence Olivier, durante parte del rodaje para que no perdiera el aire “virginal” que requería el personaje al principio de la película.
Hasta la elección de Vivien Leigh como protagonista, la búsqueda de la actriz que encarnaría a Scarlett O’Hara casi revolucionó todo EE.UU. Se barajaron muchos nombres, algunos de actrices famosas, como Katherine Hepburn o Bette Davis; pero al final la afortunada fue una casi desconocida actriz inglesa, que saltaría a la fama después del estreno de la película. La respuesta resignada de mucha gente del Sur fue: “Al menos no es una yanki”.
Para el papel de Reth Butler, la decisión fue más sencilla. Prácticamente desde el principio se pensó en Clark Gable, y aunque se tuvieron que mover algunos hilos y hacer todo tipo de tratos, al final lo ficharon.
El rodaje fue el más caro de la época, y podría decirse que es también la película más taquillera, mirando los números en relación a la inflación. La primera escena en rodarse fue la del incendio de Atlanta, en el que lo que se quemó realmente fueron los decorados de la película “King Kong” (1933).
Cuando la película tuvo que pasar por los censores, la frase final de Reth Butler, “Frankly my dear, I don’t give a damn”, no pasó la prueba, y se sugirió que se cambiara por otras, con tal de no usar la palabra “damn”. Selznick desembolsó 5000 dólares para mantenerla, y justamente es de las frases más famosas de la historia del cine. Aquí en España, los censores no tuvieron problema alguno ya que se tradujo simplemente como “Francamente querida, eso no me importa”.
Si prestáis atención a la música, os daréis cuenta que toda la película está instrumentalizada (no sé si se dirá así), durante los diálogos y todo. La partitura, aunque es de las más famosas, no fue galardonada con el Oscar.
Hattie MacDaniel fue la primera mujer de color nominada y ganadora de un Oscar, por su papel de Mamita. Irónicamente, no pudo asistir al estreno de la película en Atlanta debido a las leyes de segregación racial aun existentes.
Para la escena de los heridos en la estación de tren de Atlanta se usaron 800 extras y 800 maniquís, debido al tope máximo de extras que se podían emplear a la vez. La escena fue tan sorprendente que el marido de Margaret Mitchell dijo: “Si hubiéramos sido tantos, habríamos ganado la guerra.”
De los cuatro actores principales, la única que aun vive, con 90 años, es Olivia de Havilland, es decir, Melania. Es algo irónico teniendo en cuenta que era su personaje el único que moría en la película.Estas son solo algunas de las curiosidades que rodean a esta película. La historia del rodaje da para muchas más anécdotas, pero lo mejor es ver alguno de los documentales que hay sobre el mismo.

En este enlace se puede ver un resumencillo de la película, como promoción del DVD. No está mal.

FRASES

SR. O’HARA: ¿Qué importa con quién te cases? Con tal de que sea del Sur y piense como tú. Y cuando yo muera, te dejaré Tara.
SCARLETT: No la quiero, las plantaciones no significan nada para mí.
SR. O’HARA: ¿Pretendes decirme, Katie Escarlata O’Hara, que la tierra no significa nada para ti? La tierra es lo único que vale la pena de luchar, de morir por ella. Porque es la única cosa que perdura.

RETH: Creo que es difícil ganar una guerra con palabras.
CHARLES: ¿Qué quieres decir?
RETH: Quiero decir, Sr. Hamilton, que no hay una sola fábrica de munición en todo el Sur.
HOMBRE: ¿Qué puede importarle eso a un caballero?
RETH: Me temo que pueda importarle a muchos caballeros, señores.
CHARLES: ¿Está insinuando, Sr. Butler, que los Yankis pueden ganarnos?
RETH: No lo estoy insinuando. Digo claramente que los Yankis están mejor equipados que nosotros. Tienen fábricas, astilleros, minas… y una flota que reprimirá nuestros puertos y nos hará morir de hambre. Todo lo que nosotros tenemos es algodón, esclavos y… arrogancia.

RETH: Parece que les he estropeado a todos el brandy, los cigarros y… los sueños de victoria.

RHETT: ¿Ya ha empezado la guerra?

SCARLETT: Señor, no es usted un caballero.
RHETT: Ni usted una dama. No se ofenda. Las damas no tienen ningún atractivo para mí.

SCARLETT: ¿Qué quiere?
RETH: Se lo diré, si deja de poner esa sonrisa tonta de reina del Sur. Algún día quiero que me diga lo que le oí decir a Ashley Wilkes: ”Te amo” .
SCARLETT: Eso es algo que jamás me oirá decir mientras viva.

SCARLET: A Dios pongo por testigo. A Dios pongo por testigo de que no lograrán aplastarme. Viviré por encima de todo esto y cuando haya terminado… ¡nunca volveré a pasar hambre! No, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que estafar, que ser ladrona o asesinar, a Dios pongo por testigo… ¡de que jamás volveré a pasar hambre!

SCARLETT: Sácame de aquí. Aquí no hay nada que nos retenga.
ASHLEY: Nada… excepto el honor.
SCARLETT: Entonces no me queda nada. Nada por lo que luchar. Nada por lo que vivir.
ASHLEY: Sí, te queda algo. Algo que amas mucho más que a mí… aunque quizá no lo sepas: Tara.
SCARLETT: Si. Aún me queda esto.

RHETT: No puedo pasarme la vida esperando a cazarte entre maridos.

SCARLETT: ¡Oh, Reth, Reth! Si te vas, ¿adónde iré yo? ¿Qué podré hacer?
RETH: Francamente querida, eso no me importa.Después de todo… mañana será otro día.