Hola a los/las habituales del blog. Esta entrada es mi despedida temporal por este inmenso universo que es internet, que reune a gente de sitios tan dispares para compartir los mismo gustos y aficiones, y para descubrir otros tantos.
Mañana me voy a Madrid durante un año más o menos, a estudiar (y trabajar, espero), pero sobretodo a espabilarme y empezar un nuevo capítulo en mi vida. No es nada nada del otro mundo, Madrid está ahí al lado, pero no sé cuánto tiempo estaré sin internet, sin actualizar el blog – que no es que yo fuera de entrada diaria – sin entrar a leer y comentar mis blogs amigos y favoritos, etc, etc.
En definitiva, que debido a mi incertidumbre sobre la posibilidad de una pronta conexión, no quería marcharme sin despedirme de mis asiduos/as, agradecerles su fidelidad y sus comentarios, y hacerme sentir que no escribía todos esos rollos para nadie. Echaré de menos a mis blogs amigos (véanse a la derecha) que tan buenos ratos me han hecho pasar, aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, y que visitaba diariamente (espero que sigáis así). Y también tendré mono del forito EscapeStories, con cuyos habitantes he compartido risas, discusiones amistosas y subtítulos jeje.
Espero que la espera sea corta y poder saludaros de nuevo muy pronto.
Ésta es la última película que he visto; no me ha parecido una maravilla pero está entretenida y tiene momentos graciosos.
Cara-Ethyl (Kylie Sparks) va a cumplir 18 años, y está sola en su fiesta de cumpleaños con su madre ciega. Habladora, algo brusca y sin amigos, desea escapar de su vida. Esa tarde conoce a Matt Firenze (Ethan Embry), el repartidor de pizzas, un treintañero atractivo y sociable, que se apiada de Cara y accede a llevarla con él esa noche en su ronda de reparto de pizzas, lo que será una noche de experiencias nuevas para ella.
Aunque la chica que interpreta a Cara-Ethyl lo hace bastante bien, el personaje en sí en ocasiones resulta algo molesto, pero lo bonito de la película es la relación que se establece entre ella y Matt, especialmente por lo protector y vulnerable que es él.
Por otro lado, la descripción del resto de personajes secundarios es bastante realista, un poco al estilo de las películas de Todd Solondz, como Bienvenidos a la casa de muñecas, pero sin estar tan bien perfilados.
Pero a mí lo que más me ha gustado ha sido redescubrir a Ethan Embry, un actor que siempre hacía de pardillo en películas de los 90, que ha mejorado con los años (como el buen vino) y que demuestra aquí, que a pesar de no haberse convertido en una estrella de Hollywood, el hombre sabe actuar (y cantar).